Labios de terroncitos de azúcar,
ojos de submarino maravillado,
manos de mariposas resucitadas.
Has venido a suavizar los colores,
a quitar el polvo de los viejos deseos,
arrancarle las patitas a los miedos.
Quieto en el mar de los peces con alas
atraes a toda la espuma sin rabia,
a todas las piedras preciosas sin fama
y a los azules, violentos, movimientos del agua.
Presencia de abrazo con olor a pasto cocinado al sol,
no puedes decirme las palabras secretas, ni tramar el plan para que yo te escriba.
Te manifiestas en pequeñas y poderosas fuerzas
que tejen la vida, de cerquita, acariciándola.