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martes, 28 de enero de 2014

Marta y las camisas

Foto: Lucía Verge
Voy a planchar tu camisa a cuadros, mientras imagino que floto con dragones azules.
¡Qué bien se alisan las arrugas de estas mangas, que pronto vestirán los brazos más ridículos del mundo!
Quizás sueñe, otra vez, con las espadas que alzaste para cortarle el cuello a los monstruos nada rosas, nadas del presente.
*
Mario llegaste y no lo pude evitar: quise besar tu cara hasta hundirla un poco de las atrocidades del ahora. Yo pensaba que iba a poder lavarte las retinas, y llevarte conmigo al luminoso hueco del sueño profundo. Sin embargo, gritaste. Mario gritaste no como una bestia de salvaje esencia, sino como gritan las sillas y las mesas que cumplen su destino. Te aferraste a la cama, tomándola como los guerreros hacen con sus mujeres: les clavan las garras de todos sus muertos, y las besan rompiéndole un poco los labios.
*

Hubiese querido ver cómo te quedaba la camisa hoy a la mañana. Barrer la pólvora que cae de tus sienes cada vez que te despertás. Desabrochar el último botón de la camisa, para que no muera junto a todos sus hermanos atrapado en el molinete del subte, viejo, sucio y mudo.

sábado, 18 de mayo de 2013

Marta a los 11

Marta era la única en su clase capaz de abrir un frasco de mermelada, sin que las manos se le doblaran como medias recién salidas del sol. Y el Sol, estaba en todas partes de la sonrisa de Marta, cuando sus compañeras boquiabiertas no podían entender la fuerza que salía de sus puños blandos.
Muchos dicen que fue así como conquistó a Juan: después de abrir todos los frascos del mercado y sonreír liviana como un pájaro, los ojos de Juan se le llenaron de una luz intensa, dejando ver lo que tenía detrás de las pupilas: mucho polvo, mucho.
Marta tenía las rodillas rosadas por aquel entonces, todas las polleras le hacían cosquillas y le comían la piel nutriéndose de sus células mágicas. Todo era perfecto en ese tiempo, ella abría hasta lo más sellado por el hombre adulto, ella reía como heroína de su propio cuento mental. Todo era Sol come lunas, no existía oscuridad sin brillo de luciérnagas. Todo era Juan y su cabello chocolatoso, mirándola a ella y sólo a ella.
*
Un día en que los pajaritos prefirieron meterse en sus jaulas y comer perdiz, la maestra presentó a un nuevo compañero de  clase: "Todos saluden a Mario" decía contenta, y todos saludaron (contentos), menos Marta, que sintió como los continentes de su cuerpo comenzaban a separarse y helarse. Y desde entonces nunca jamás pudo abrir un sólo frasco, sin sentir que una parte de sí misma se descomponía en cenizas volcánicas, polvo al fin. 


martes, 23 de octubre de 2012

La noche esta danzando y no la ves


"Destiño el beso de tu boca para amarlo aún más" . No quería escuchar las palabras-resortes que decía Mario en estado de ebriedad, era necesario que tapara mis oídos con las servilletas blancas que volaban por la mesa. Mientras tanto Elisa, siempre sonriente a carcajadas dulces, miraba idiotizada cada palabra de Mario que tomaba vuelo en la cocina: flotaban un poquito en el medio y después subían hasta el ventilador de techo, para juntarse con el humo del cigarrillo y las promesas. 
"Tuve que amarte diez veces para no olvidar tu nombre". Y es que llega un momento de la noche en que ni el vino, ni la radio, pueden contener nuestros cuerpos de manera fuerte, abrazarlos cansadamente y dormirse con los huesos bien sujetos a tempestades negras; yo seguía sin escucharlo, pero conocía todas sus frases de memoria: cada coma suspensatoria, cada intento por desdoblar las intenciones de las oyentes.
*
Creo verlo juntando las últimas migas del mantel, cuando por fín dejo libres  mis oídos para que me bese, silenciosamente, como él sabe hacerlo.

sábado, 21 de julio de 2012

Fue el Beso

  A Belén y Jimena.



 Totalmente improbable es que Marta bese a Mario y totalmente imposible es que las sábanas le cubran los pies cuando navega en su colchón de carne y hueso.
  Todo comenzó cuando Mario dejó caer de sus bolsillos, pelusas voladoras de magníficos colores que no dudaron en posarse en los hombros de Marta, llenándola de una saliva exquisita, pero brutal. Ésta se sintió de lo más inundada, y no hay peor cosa que un Río en la vereda  separándonos de nosotros mismos.  Cuando  intentó disculparse  las pelusas crecieron salvajemente, empujando a Marta cada vez más hondo de la superficie. Con la mitad de la nariz en las afueras, Mario la rescató con sus brazos de huesos transparentes, dejando ver que la valentía no se corresponde en nada con un cuerpo "musculento"
  Con el pelo chorreado de agua cristalina,  Marta sonrió a pesar de todo; señal por la cual Mario abrió su enorme boca dejando ver sus dientes perlados, casi gritando, casi arrodillados.
  Pero es imposible que Marta bese a Mario. Ella no imagina su vida en submarinos, ni en balsas, ni mucho menos en barcos de papel. Así es como ella huyó en su colchón por los feroces pisos de madera, tropezándose de vez en cuando con alguna escalera impertinente que le preguntaba la hora, o le sonreía a medias. Marta lucha con cocodrilos de dos patas, que se pisan la corbata y se comen sus sombreros.


lunes, 2 de julio de 2012

Menos Marta


   Como calla Marta, no calla nadie. Admiro su violenta boca tragapalabras, y la rudeza con que fulmina cualquier sonido fastidioso, y transgresor.
   Merece ser colgada en aquellos museos, donde la gente pasa con la sonrisa abierta  y las manos cirujanas capaces de operar aún en lo sano, en lo calmo. ¡Que pasen delante suyo, y balbuceen todo tipo de oraciones bien formadas! pero que luego la sintaxis se transforme en arma blanca, muy blanca. Entonces  Marta se dejará abrir sus palabras para no morir, y la gente la encontrará pobre. Solidaridad intelectual: siempre sobran fracesitas perecederas, y nos hace bien ponerlas en la gorra; que haya una Marta menos en el mundo, para soñar contentos con la extinción de los silencios.

martes, 27 de marzo de 2012

De lo que escuchan los pájaros

    Me contó un pajarito el secreto más largo del mundo, aproximadamente medía unos 308 metros. No trataba de vos, pero claramente rosaba toda tu cabeza de triste pez fuera del mar. Ocupaba gran parte de la estrella lejana, que se sitúa en aquellos ojos que ven por primera vez la cara del día besándose con la noche, siempre acostados para mayor intimidad.
   Fue entonces cuando comprendí de donde venía toda tu euforia por las tardes, y aquella espuma que sale por tus dientes cuando intentas recordar algo, una línea recta de tu vida anterior a este momento. Entendí la palabra que no existe y siempre quisiste decir... y abrías grande la boca para ver si se asomaba y nacía. Los partos duelen, y te sangró el labio superior por algún rasguño de todas las frases que quisieron colarse para ser benditas.
   El pájaro salió volando cuando le pregunté acerca del secreto más corto que existía, creo que pensó que me estaba burlando de sus sabias recopilaciones, o quizás sólo creyó que era demasiado para un oído como el mío.
   Me acuerdo todo el tiempo del pico del ave, parecía iluminarse con cada abertura, y yo pensaba que quizás era el arco iris, y como no hubo ni lluvia ni sol, tuvo tiempo de venir hacia mi.
   Recuerdo todo el pájaro, pero ya no me acuerdo del secreto. Será por eso que hoy te miro, tratando de buscar indicios en la orilla de tu persona, en la carcajada de huesos que sale de tu tristeza. Y nada. ¡Lo que daría por ser hormiga y meterme en una de tus fosas nasales! averiguar de donde viene tanto polvo, averiguar que quiso decir el pajarito con eso de la mano que no es del cuerpo, que no logró treparse al corazón.
   Te observo y me estas dictando una linda combinación de palabras sueltas, una gran ola de palabras que aman que las pronuncies, tratando de hacerme sentir celosa por usarlas a ellas. Y yo me río, por que me encariño con ellas, y con tu boca, y pienso que en algún lugar del paladar se encuentra el pájaro reposando calmo, y deja que te vacíes de fracesitas molestas, mientras él cuida de tu niño, ese que un día darás a luz.

jueves, 22 de marzo de 2012

Pañuelos amarillos

    Si la nariz de Marta hablara, seguro diría cosas como: "nunca en mi vida llevaría sombrero de tela" y "seguramente subiría las escaleras con las manos, y abrazaría con lo pies". No tanto por sus fosas de colmillos marinos, sino por la altura a la que ésta se somete. Parece que estar tan cerca de los techos le ha dado un aire de universo terrible, y ahora cada vez que mira al piso se pone a llorar. No sería tan grave si su llanto no imitara al de una nube. No sería tan grave, si su grito no pretendiera ser trueno, o pajarito cantando en la mañana.
    Desde entonces, Marta ha intentado sobornarla con pañuelos de seda amarilla, y hasta de lunares, con tal de que su tristeza tenga donde reposar. De vez en cuando, le acerca la taza de café con espuma bien cerca, para que piense estar en un caribe moreno, de cielo negro y calmo. Y hasta la seduce con una de esas flores de polleras rojas, siempre tan dispuestas a mostrar sus piernas, pero ésta las rechaza con un gran estornudo que es lo mismo que un escupitajo directo a la frente del placer.
   Los días no parecen tener fin, y Marta sólo descansa cuando sube a lo alto de un árbol de hojas verdes y carnosas, y su nariz puede creer que está volando, y que no es tan diferente a uno de esos pájaros que imagina dioses; es entonces cuando respirar se convierte en la verdad, que se mofa de los gusanos que no hacen más que cavar bien hondo sus cuerpos en la tierra, y creerse felinos del destino. Es entonces, cuando respirar parece ser lo único importante del cielo de nuestra cabeza.

sábado, 25 de junio de 2011

Fiesta


Se cae la bomba del tiempo en la cabeza de Juan,
y la lluvia colapsa en los ojos de toda la gente toda,
mañana no será otro día, no será
y Juan no podrá vestirse, ni lavarse los dientes sin morir.

María es el nombre de todas las mujeres,
sangrientas, reventadas, abiertas,
que dulces derraman su escupitajo más acertado en la frente de cada uno.

Merecemos no encontrar nuestro nombre en el espejo,
Y repetir hasta el cansancio la escena de dormir.

¡María y Juan, váyanse de esta ciudad!
de este pueblo sin alma, de estas calles sin perdón,
abandonen al mundo...

¡Queremos la fiesta de los ojos sonrientes,
abiertos a carcajadas.
Queremos la fiesta de los que sobrevivimos ante la vida,
y aún amamos a la muerte
no de los días,
no de las noches,
ni de las fiestas,
amamos a la muerte de las muertes,
y celebramos frente al muro, una flor!

jueves, 15 de julio de 2010

Amores fríos

Las calzas te aprietan Juana, y tu ojo amarillo enfermo vomita líquidos insospechados.
La corbata te ahorca Mario, y tu boca sin don no procrea ni un microbio.
Juana, yo te creí de dientes perlados, de respuestas justas, de permisos concedidos, de épocas antiguas. Juana, te soñé eterna de veintitrés años, capáz de desnudar hasta un obispo.
Mario, yo que juré eras la mezcla exacta de violencia, amor, belleza. Que hablé de vos con manantiales de agua cayendo de mi boca, mientras las tontas sonreían incrédulas. Cuántas veces me dejé caer ante un dedo tuyo, y seguí creyendo en tu protección libertadora.
Las calzas te aprietan, y no puedo verte más. Ni en la muerte, ni en la enfermedad, que la ley me ampare ante esta imagen!
La corbata te ahorcó, tu música, tus jeans, tu sensualidad. Mario, eras un poster de adolescencia rebelde, y ahora una fotografía de hombre en crisis.
La cama se está riendo de nosotros, dice que nunca le tocamos un pelo. Y eso que a vos te sobran.
Y eso que a vos te faltan.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Un solo Mario

No te rías así, de verdad te digo que necesito me cuentes cuántas nubes hay ahora en tu cielo: 2, 5? contame cómo son, qué formas abrazan a ese cielo que imagino azul menos tres. Si sopla el viento fuerte en este momento, o solo te besa las mejillas hasta enloquecer tu sangre.
Yo estoy muy lejos, lo sabes. La distancia es igual a un cuerpo vacío frente al mundo abierto; la distancia son como estas palabras.
Describime ese lugar que ahora te alberga mejor de lo que lo hicieron mis brazos, mis ramitas de corazón sin raíces. Qué cara pusiste cuando pasó la hormiga feliz, más feliz que tu risa por mi recuerdo. Ese lugar me importa mas que una foto tuya recordándome la muerte de los sucesos; quiero a ese lugar tanto como a tu boca, solo a tu boca, sola, indefensa en mi bestial vida. Así que no prolongues mas este pedido. Bajo qué cielo estas ahora? cuántos colores tiene la eternidad que nos corta los pies?... ¿las calles duelen tanto como mis rodillas frente a vos, que no estas... y estás.? Estás como una gran nube ocupando todo este cuarto. Pero entonces no estás, y esa forma etérea intenta entretenerme un rato, mientras me engaña en su fiel simulacro.
Cayó alguna hoja a tus pies?. De mi ventana puedo a ver a todos los árboles perder, perder mas que yo. Y me pongo contento, imagino que también a vos te está cayendo mi perdición, y a vos nada te mueve, ni un milagro llorando frente a una mesa.
No quiero saber cuántos cafés probaron tu boca esta tarde, cuánto asombro invadió a tus ojos por esos lugares... si, conoces de mi egoísmo de pez en la pecera; no quiero saber del océano. Contame cuántas burbujas estas haciendo ahora con tu respiración.
Te juro que abro la puerta y me meto de lleno en tu espacio... pero vos no querés llenarte, y es ese vacío el que te adoro. Ese hueco que me recuerda tanto a un lugar parecido a éste, donde te busco y te encuentro, y no estás. y.
Fin de esta ceremonia de deseo sin victoria. Acabo de no verte y eso me entusiasma, por que entonces me estás dibujando eso que quería: un alrededor que te abraza, y tu cara besándome solo a mi. A mi, solo.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Qué Mario qué

Mario no vá a saber qué decir. Sus palabras se convierten en tortugas cuando el tigre anda cerca.
No vá a saber peinarse como antes, -cuando era todo sol crayón amarillo-, ni disimular su caída frente a las polleras, ni el dolor punzante que le produce apretar una cuchara. Como si fuera poco, ellos le hacen la ronda verde brillante y paff! un ramo de erres le cae ensima a Mario, que no puede ni sonreír de tanto espasmo. No va a saber qué decir cuando suban las hermanas Ganas a revolcarse en sus oídos como finas bestias, y se peleen por besarle el tímpano, el caracol.
¿Y qué bocadientelengua es capáz de tragar todo el aire necesario, para decir, finalmente decir, un NO hermoso y brillante?. Las hermanas no van a entenderlo; Van a besarle hasta el beso del bolsillo, van hacerle espuma su sentido mas sentido y a volcanizar su inocencia.
Por que no sabe qué decir, y se sienta en su sombra cazando moscas para encontrar un pulso, que en el último instante, decida regalarle una palabra, una súplica, una necesidad.

miércoles, 24 de junio de 2009

LLamadas


Si llega a sonar el teléfono, otra vez, Marta se va enojar mucho. Dice que el sonido le perfora los oídos; sin embargo no comprendo cómo logra pasar eso: las orejas se entregan al derrame como espuma roja, dulce, crema de cuerpos etéreos.
Al menor movimiento de una mosca-que siempre pierden alas a las 5- violamos, todos, la estabilidad de los objetos, sometiéndolos a crear de su inhumanidad ruidos que se hacen música a los conocimientos pobres, limosneros, brillantes de Marta. Entonces, ni se acuerda de la mosca que buscaba atontada su ala perdida en alguna taza de té con limón.
Mario dejó sonar el teléfono. Creo que fue para metaforear en su cara un rasguño. Y lo consiguió. La cara de marta empezó a sangrar como río de leche, como laguna de licor, como mar de tinta. Nadie corrió para traerle una venda, todos sabían, que mas temprano que tarde, la piel engendraría mas piel y enterraría aquél dolor para no encontrarlo jamás.
Nos dió un beso a cada uno, incluyendo a la mosca que todos pensamos nunca notó, y se cerró los ojos con candado regalándo su cuerpo entero al placer de la cama sin sonido, perfecto amante: nunca tiene palabras que sustituyan un acto.
Entonces puede sonar el teléfono, por que ella está con la cama, y nadie mas, en su mundo donde la lluvia en la chapa no hace ruido, donde el grito no se interpreta mas que como grito. Y todos nos quedámos con la sensación de una tristeza entre mil, esperando que deje de latir el aparato de llamadas sucias, persistentes mendigas que no tienen luna, que día tras día pasan bajo el cielo sin luna; en su mundo de sin, sin, ring, ring, y llaman, llaman a Marta que nunca está.

#MIRACÓMONOSPONEMOS

Mirá cómo nos ponemos me pongo la voz entera no dejo que quiebren mi testimonio Me pongo las uñas y los dientes me pongo el dolor que tr...