La magia del mago no derrumba paredes, ni ojos. La magia del mago es el insecto perfecto para un proyecto escolar.
Mira la tumba del mago florecer, mira la desesperación de los gusanos correr a nuevas tierras.
Ves todo ese tumulto de cuerpos pegajosos, verdes, vibrantes? los ves? ellos le piden al cielo un truco, sin importar los efectos, un truco. Pero no saben, no saben qué: cuántos qué contiene la palabra qué.
No era sencillo ser él, ir caminando y que los conejos blancos te claven los dientes en los pies; mover los dedos, sin querer, para terminar haciendo la posición 5: lluvia amarilla cayendo de los techos, pintándole en la cara un descuido feliz.
El mago no podía hacer reír ni a chicos, ni a mujeres de seda. Sin embargo, las palomas colegialas morían por meterse en sus bolsillos, y sacarle todos los caramelos, aunque fuera un extraño, aunque en su casa dijeran que no, mil veces NO. Amaban, tajos y tajos de sonrisas en sus caras, amaban cerrar el pico en sus casitas, y abrir sus alas con él: lo buscaban dormidas, olvidando el beso paterno en la frente, para tocarlo mas que con una mano: con un cuerpo entero. Luego, sus bocas estrelladas en la almohada, se derretían de saliva bendita, como cascadas salvajes sin intervención alguna.
El mago las invitaba a sentarse frente al escenario: piernas cruzadas, ojos maquillados sin pudor. Tres chasquidos de dedos enguantados, y una mariposa salía de su oreja, no sin antes crecer de su nariz una plantita que le facilitara la pose perfecta para una foto. Cinco chasquidos, una patada a la pared, y la luna se agitaba en sangre, era el dolor mas rojo en el cielo: y bocas abiertas, espasmos de palomas blancas, cabecitas de plumas revoltosas. Aplausos.
Entonces, el mago se saca la capa para echarse en un colchón duro, mirando un techo sin mentiras, mientras lo picotean en la cara como a un muerto.
La tierra vuelve a crecer, a taparlo todo, y los exiliados aparecen de nuevo a humedecerle los pies, a sacarle las uñas, a quitarle la lengua que nunca revelará el truco, aunque la magia se revuelque con alas mientras el mago, en tierra, no entierra mas que su cuerpo sin don.
sábado, 26 de diciembre de 2009
sábado, 5 de diciembre de 2009
Un solo Mario
No te rías así, de verdad te digo que necesito me cuentes cuántas nubes hay ahora en tu cielo: 2, 5? contame cómo son, qué formas abrazan a ese cielo que imagino azul menos tres. Si sopla el viento fuerte en este momento, o solo te besa las mejillas hasta enloquecer tu sangre.
Yo estoy muy lejos, lo sabes. La distancia es igual a un cuerpo vacío frente al mundo abierto; la distancia son como estas palabras.
Describime ese lugar que ahora te alberga mejor de lo que lo hicieron mis brazos, mis ramitas de corazón sin raíces. Qué cara pusiste cuando pasó la hormiga feliz, más feliz que tu risa por mi recuerdo. Ese lugar me importa mas que una foto tuya recordándome la muerte de los sucesos; quiero a ese lugar tanto como a tu boca, solo a tu boca, sola, indefensa en mi bestial vida. Así que no prolongues mas este pedido. Bajo qué cielo estas ahora? cuántos colores tiene la eternidad que nos corta los pies?... ¿las calles duelen tanto como mis rodillas frente a vos, que no estas... y estás.? Estás como una gran nube ocupando todo este cuarto. Pero entonces no estás, y esa forma etérea intenta entretenerme un rato, mientras me engaña en su fiel simulacro.
Cayó alguna hoja a tus pies?. De mi ventana puedo a ver a todos los árboles perder, perder mas que yo. Y me pongo contento, imagino que también a vos te está cayendo mi perdición, y a vos nada te mueve, ni un milagro llorando frente a una mesa.
No quiero saber cuántos cafés probaron tu boca esta tarde, cuánto asombro invadió a tus ojos por esos lugares... si, conoces de mi egoísmo de pez en la pecera; no quiero saber del océano. Contame cuántas burbujas estas haciendo ahora con tu respiración.
Te juro que abro la puerta y me meto de lleno en tu espacio... pero vos no querés llenarte, y es ese vacío el que te adoro. Ese hueco que me recuerda tanto a un lugar parecido a éste, donde te busco y te encuentro, y no estás. y.
Fin de esta ceremonia de deseo sin victoria. Acabo de no verte y eso me entusiasma, por que entonces me estás dibujando eso que quería: un alrededor que te abraza, y tu cara besándome solo a mi. A mi, solo.
Yo estoy muy lejos, lo sabes. La distancia es igual a un cuerpo vacío frente al mundo abierto; la distancia son como estas palabras.
Describime ese lugar que ahora te alberga mejor de lo que lo hicieron mis brazos, mis ramitas de corazón sin raíces. Qué cara pusiste cuando pasó la hormiga feliz, más feliz que tu risa por mi recuerdo. Ese lugar me importa mas que una foto tuya recordándome la muerte de los sucesos; quiero a ese lugar tanto como a tu boca, solo a tu boca, sola, indefensa en mi bestial vida. Así que no prolongues mas este pedido. Bajo qué cielo estas ahora? cuántos colores tiene la eternidad que nos corta los pies?... ¿las calles duelen tanto como mis rodillas frente a vos, que no estas... y estás.? Estás como una gran nube ocupando todo este cuarto. Pero entonces no estás, y esa forma etérea intenta entretenerme un rato, mientras me engaña en su fiel simulacro.
Cayó alguna hoja a tus pies?. De mi ventana puedo a ver a todos los árboles perder, perder mas que yo. Y me pongo contento, imagino que también a vos te está cayendo mi perdición, y a vos nada te mueve, ni un milagro llorando frente a una mesa.
No quiero saber cuántos cafés probaron tu boca esta tarde, cuánto asombro invadió a tus ojos por esos lugares... si, conoces de mi egoísmo de pez en la pecera; no quiero saber del océano. Contame cuántas burbujas estas haciendo ahora con tu respiración.
Te juro que abro la puerta y me meto de lleno en tu espacio... pero vos no querés llenarte, y es ese vacío el que te adoro. Ese hueco que me recuerda tanto a un lugar parecido a éste, donde te busco y te encuentro, y no estás. y.
Fin de esta ceremonia de deseo sin victoria. Acabo de no verte y eso me entusiasma, por que entonces me estás dibujando eso que quería: un alrededor que te abraza, y tu cara besándome solo a mi. A mi, solo.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Tres colores
Pareciera que el sol golpeara las puertas de las construcciones hasta derretirlas, hacerlas polvo: edificios listos para la guerra, pero envenenados hasta la cal del calor.
El caminaba tratando de concentrar su mente en una sola cosa, sin embargo corrían amontonadas, salvajes, las ideas, las imágenes, el plástico de las sensaciones: retirar solo una vez- un perro- quizás todo sea un sueño- despertarme ir a trabajar- por qué- ese cartel- el árbol teniendo relaciones con la nube- vos- yo dentro de yo, yo- qué. Caminaba como alejándose de todo eso, de todo presente que se volvía pasado en cada paso furioso; las manos le lloraban, todo el cuerpo era un mar sin espuma, sin siquiera un alga roja creciendo a pesar de.
Los semáforos lograban dominar su espíritu, paraba, seguía, despacio... ninguna mujer pudo haberlo hecho mejor... era cuestión de hacerle luces, sin advertencias pronunciadas, ni gritos anticipadores... un gesto, un guiño, bastaba con el, no más, no menos. Ninguna mujer pudo hacerlo mejor.
Por fin vislumbra un café, de esos que el aire es manoseado y tibio, esos en los que nadie se mira la cara de tan dada vuelta que está. Un café doble. La porcelana alberga entre sí el veneno impostor, la risa vestida de esperanza. Quiere hacer durar el líquido en su boca, bañar sus muelas hasta cariarle sus frentes, sus mejillas sin besos. Y traga. La garganta cosquillea de tanto placer; pero todo tiene su precio: las piernas de la porcelana conteniendo la amenaza oscura, la vigilia de la cuchara mareada, borracha; el regocijo de la boca. Todo tiene su precio: 10 pesos por favor.
Por favor? acaban de hacerle un favor y el sin pestañear, el sacando de su billetera la repetición prostituta del sistema, y el favor llorando en un rincón de su alma por que ni siquiera él lo saludó, ni siquiera él le dijo gracias al favor que tantos brazos tiene y no ahorca, y no acaricia tampoco.
Paga por el favor.
Ahora las caras se dan vuelta, tiene que abandonar el lugar o seguir pagando por ello. Se vá.
Ya no piensa en tantas cosas a la vez. Parece que olvidó algo en aquel café: una pestaña, dos pesos, la dignidad? No!... olvidó al favor llorando sin pañuelo blanco y con tantas manos... sin un ser que se atreva a cuidarlo, a bañarlo por la mañana y ponerle talco.
El sigue caminando ya sin furia, de sus orillas parece notarse una leve espuma que crece de a poco: desvestirme en la noche y ver colores- tus ojos rojos- tu pulso verde- el tiempo amarillo.
El caminaba tratando de concentrar su mente en una sola cosa, sin embargo corrían amontonadas, salvajes, las ideas, las imágenes, el plástico de las sensaciones: retirar solo una vez- un perro- quizás todo sea un sueño- despertarme ir a trabajar- por qué- ese cartel- el árbol teniendo relaciones con la nube- vos- yo dentro de yo, yo- qué. Caminaba como alejándose de todo eso, de todo presente que se volvía pasado en cada paso furioso; las manos le lloraban, todo el cuerpo era un mar sin espuma, sin siquiera un alga roja creciendo a pesar de.
Los semáforos lograban dominar su espíritu, paraba, seguía, despacio... ninguna mujer pudo haberlo hecho mejor... era cuestión de hacerle luces, sin advertencias pronunciadas, ni gritos anticipadores... un gesto, un guiño, bastaba con el, no más, no menos. Ninguna mujer pudo hacerlo mejor.
Por fin vislumbra un café, de esos que el aire es manoseado y tibio, esos en los que nadie se mira la cara de tan dada vuelta que está. Un café doble. La porcelana alberga entre sí el veneno impostor, la risa vestida de esperanza. Quiere hacer durar el líquido en su boca, bañar sus muelas hasta cariarle sus frentes, sus mejillas sin besos. Y traga. La garganta cosquillea de tanto placer; pero todo tiene su precio: las piernas de la porcelana conteniendo la amenaza oscura, la vigilia de la cuchara mareada, borracha; el regocijo de la boca. Todo tiene su precio: 10 pesos por favor.
Por favor? acaban de hacerle un favor y el sin pestañear, el sacando de su billetera la repetición prostituta del sistema, y el favor llorando en un rincón de su alma por que ni siquiera él lo saludó, ni siquiera él le dijo gracias al favor que tantos brazos tiene y no ahorca, y no acaricia tampoco.
Paga por el favor.
Ahora las caras se dan vuelta, tiene que abandonar el lugar o seguir pagando por ello. Se vá.
Ya no piensa en tantas cosas a la vez. Parece que olvidó algo en aquel café: una pestaña, dos pesos, la dignidad? No!... olvidó al favor llorando sin pañuelo blanco y con tantas manos... sin un ser que se atreva a cuidarlo, a bañarlo por la mañana y ponerle talco.
El sigue caminando ya sin furia, de sus orillas parece notarse una leve espuma que crece de a poco: desvestirme en la noche y ver colores- tus ojos rojos- tu pulso verde- el tiempo amarillo.
lunes, 2 de noviembre de 2009
Qué Mario qué
Mario no vá a saber qué decir. Sus palabras se convierten en tortugas cuando el tigre anda cerca.
No vá a saber peinarse como antes, -cuando era todo sol crayón amarillo-, ni disimular su caída frente a las polleras, ni el dolor punzante que le produce apretar una cuchara. Como si fuera poco, ellos le hacen la ronda verde brillante y paff! un ramo de erres le cae ensima a Mario, que no puede ni sonreír de tanto espasmo. No va a saber qué decir cuando suban las hermanas Ganas a revolcarse en sus oídos como finas bestias, y se peleen por besarle el tímpano, el caracol.
¿Y qué bocadientelengua es capáz de tragar todo el aire necesario, para decir, finalmente decir, un NO hermoso y brillante?. Las hermanas no van a entenderlo; Van a besarle hasta el beso del bolsillo, van hacerle espuma su sentido mas sentido y a volcanizar su inocencia.
Por que no sabe qué decir, y se sienta en su sombra cazando moscas para encontrar un pulso, que en el último instante, decida regalarle una palabra, una súplica, una necesidad.
No vá a saber peinarse como antes, -cuando era todo sol crayón amarillo-, ni disimular su caída frente a las polleras, ni el dolor punzante que le produce apretar una cuchara. Como si fuera poco, ellos le hacen la ronda verde brillante y paff! un ramo de erres le cae ensima a Mario, que no puede ni sonreír de tanto espasmo. No va a saber qué decir cuando suban las hermanas Ganas a revolcarse en sus oídos como finas bestias, y se peleen por besarle el tímpano, el caracol.
¿Y qué bocadientelengua es capáz de tragar todo el aire necesario, para decir, finalmente decir, un NO hermoso y brillante?. Las hermanas no van a entenderlo; Van a besarle hasta el beso del bolsillo, van hacerle espuma su sentido mas sentido y a volcanizar su inocencia.
Por que no sabe qué decir, y se sienta en su sombra cazando moscas para encontrar un pulso, que en el último instante, decida regalarle una palabra, una súplica, una necesidad.
martes, 13 de octubre de 2009
Experimento 2
Le dije que no comprara peces, no duran mucho tiempo en las peceras. Se muere uno, y se mueren todos!. Después soy yo la que limpia los cuerpitos, la que tiene que sacarle los ojitos y besarle las bocas. Después soy yo la que... Soy yo, esa, la tonta que mira el agua con plantitas de plástico verde hipócrita, como todo lo que compra él.
Estaba por gritarle las mil y una noches, cuando ví que quedaba un último pez vivo. Y ya no podía decirle que todos se morían, y lo estúpida que me siento, y... enfin... mi argumento se desmoronó por culpa del pez, y su nadar tranquilo.
Estaba por agarrarlo y hacer de su existencia una mera ilusión óptica, estaba por tomarlo cuando el clavó sus ojos fijos en el pez. Entonces tenía que sonreirle y decirle gracias, besarle las manos con olor a vereda, y sentir todo el asfalto en mi pecho azul.
"-Y vos decías que no comprara ninguno, que se mueren y qué se yo....mirá! éste sí que sabe como vivir". Eso me decía, mientras con una mano derramaba comidita blanca, para que el pez vaya en su busca, más animal que hambriento; con su otra mano acariciaba mi cabeza, apretando un poco mas fuerte cada vez que el pez le sonreía; lo ponía loco ese agujerito negro en el que apenas cabían dientes.
Después de que comieran los dos: nieve blanca por un lado, arena roja por el otro, dormían levemente sin acordarse de su existencia siquiera. Yo tenía tiempo de agarrarlo dormido, de clavarle mi mano como se clava la palabra venganza dentro de un cuerpo: hundimiento violáceo de fuerzas salvajes, besos que mordisquean la piedad. Comprendí entonces que nada podía interceder en mi acto, era mio por el derecho que paga la mente después de encarcelarse a un deseo, comprendí que casi no habría sangre alguna, y que el pez tendría de comer para una semana... y satisfecho me abriría su boca, para tragarme entera como nadie supo jamás.
Estaba por gritarle las mil y una noches, cuando ví que quedaba un último pez vivo. Y ya no podía decirle que todos se morían, y lo estúpida que me siento, y... enfin... mi argumento se desmoronó por culpa del pez, y su nadar tranquilo.
Estaba por agarrarlo y hacer de su existencia una mera ilusión óptica, estaba por tomarlo cuando el clavó sus ojos fijos en el pez. Entonces tenía que sonreirle y decirle gracias, besarle las manos con olor a vereda, y sentir todo el asfalto en mi pecho azul.
"-Y vos decías que no comprara ninguno, que se mueren y qué se yo....mirá! éste sí que sabe como vivir". Eso me decía, mientras con una mano derramaba comidita blanca, para que el pez vaya en su busca, más animal que hambriento; con su otra mano acariciaba mi cabeza, apretando un poco mas fuerte cada vez que el pez le sonreía; lo ponía loco ese agujerito negro en el que apenas cabían dientes.
Después de que comieran los dos: nieve blanca por un lado, arena roja por el otro, dormían levemente sin acordarse de su existencia siquiera. Yo tenía tiempo de agarrarlo dormido, de clavarle mi mano como se clava la palabra venganza dentro de un cuerpo: hundimiento violáceo de fuerzas salvajes, besos que mordisquean la piedad. Comprendí entonces que nada podía interceder en mi acto, era mio por el derecho que paga la mente después de encarcelarse a un deseo, comprendí que casi no habría sangre alguna, y que el pez tendría de comer para una semana... y satisfecho me abriría su boca, para tragarme entera como nadie supo jamás.
lunes, 5 de octubre de 2009
Cuarto oscuro
La fiesta de los bostezos recién empezaba, y tenías olor a lluvia en todo el cuerpo. Actuaste de todas las maneras imposibles, con plumas rojas, con antifaces de brillantina, y hasta con tu propio rostro.
Aún sabiendo lo que significa entrar por una puerta y habitar toda una sala, desconocías la cantidad de ventanas que elevaron sus persianas, en el mismo instante en que tu fuerza se acomodaba en un sillón.
Empezaste a servirte de nieblas efervescentes, y el espíritu te sonreía con todos los dientes hasta abrirte en la cara un ojo mas; ojo que no se podía comer, ni invitar a bailar.
De tu sombra se ocuparon las polillas: fueron pájaros silvestres, montañas altas, la belleza mágica revelándole sus trucos... Mirá todo lo que hicieron por tu sombra!, simularon un cielo abierto mientras vos, reunías las contradicciones de tu alma para encontrar una única verdad. Cierto es que lo único suele multiplicarse, abrirse como una mujer en el abrazo de un hombre, y fragmentarse hasta inundar de papel picado toda la fiesta.
Pero vos olías a lluvia, y aún todo empezaba y volvía a empezar. El reloj se había embriagado de intervalos, y ofrecía en bandeja todas las horas, todos los minutos (y vos contando los segundos para reír!). Recién prendían las luces de colores, y podía verse guirnaldas amarillas en todo el salón, el simulacro de un barco fantasma seduciendo a la mar.
Lo cotidiano del beso en la mano te atemorizaba tanto como la caída de una pestaña, no podías entender la unión casi física, casi espiritual, de un cuerpo y un pedazo de alma. La pequeña se acomodó cerca tuyo, la pobre te tragó todo el aire; vos intentabas leerle todo el vestido, pero te invadías de ausencia al llegar a su rodilla. La pequeña arrugó su cara en 20 medias sonrisas, mientras tu enmudecimiento la desvestía un poco: boca-hombros-pies.
La fiesta empezó a desintegrarse en pequeñas partículas de polvo: ustedes hechos bestias, escarabajos, alienes: vos mujer, ella hombre, más que humanos y seres, en ustedes se mezcló todo, como en el dulce apocalipsis de los sueños.
La señora abrió la puerta, y se dispuso a limpiar con la ayuda de la escoba y perversión de las manos: todo el después volcaba espuma, y flotaban vasos a medio llenar.
-¡Señor si no sale de la cama no puedo cambiar las sábanas!
-pero la pequeña, la pequeña está durmiendo.
-No hay nadie aquí señor, debió de haberse ido como todos los invitados.
Y en un gesto de sorpresa siniestra, exclama:
-¡Oh, he tragado a la pequeña!. Febril locura de creerse uno con tan solo dos...!, deseo caníbal de querer apoderarse del amor en todas sus formas!
Aún sabiendo lo que significa entrar por una puerta y habitar toda una sala, desconocías la cantidad de ventanas que elevaron sus persianas, en el mismo instante en que tu fuerza se acomodaba en un sillón.
Empezaste a servirte de nieblas efervescentes, y el espíritu te sonreía con todos los dientes hasta abrirte en la cara un ojo mas; ojo que no se podía comer, ni invitar a bailar.
De tu sombra se ocuparon las polillas: fueron pájaros silvestres, montañas altas, la belleza mágica revelándole sus trucos... Mirá todo lo que hicieron por tu sombra!, simularon un cielo abierto mientras vos, reunías las contradicciones de tu alma para encontrar una única verdad. Cierto es que lo único suele multiplicarse, abrirse como una mujer en el abrazo de un hombre, y fragmentarse hasta inundar de papel picado toda la fiesta.
Pero vos olías a lluvia, y aún todo empezaba y volvía a empezar. El reloj se había embriagado de intervalos, y ofrecía en bandeja todas las horas, todos los minutos (y vos contando los segundos para reír!). Recién prendían las luces de colores, y podía verse guirnaldas amarillas en todo el salón, el simulacro de un barco fantasma seduciendo a la mar.
Lo cotidiano del beso en la mano te atemorizaba tanto como la caída de una pestaña, no podías entender la unión casi física, casi espiritual, de un cuerpo y un pedazo de alma. La pequeña se acomodó cerca tuyo, la pobre te tragó todo el aire; vos intentabas leerle todo el vestido, pero te invadías de ausencia al llegar a su rodilla. La pequeña arrugó su cara en 20 medias sonrisas, mientras tu enmudecimiento la desvestía un poco: boca-hombros-pies.
La fiesta empezó a desintegrarse en pequeñas partículas de polvo: ustedes hechos bestias, escarabajos, alienes: vos mujer, ella hombre, más que humanos y seres, en ustedes se mezcló todo, como en el dulce apocalipsis de los sueños.
La señora abrió la puerta, y se dispuso a limpiar con la ayuda de la escoba y perversión de las manos: todo el después volcaba espuma, y flotaban vasos a medio llenar.
-¡Señor si no sale de la cama no puedo cambiar las sábanas!
-pero la pequeña, la pequeña está durmiendo.
-No hay nadie aquí señor, debió de haberse ido como todos los invitados.
Y en un gesto de sorpresa siniestra, exclama:
-¡Oh, he tragado a la pequeña!. Febril locura de creerse uno con tan solo dos...!, deseo caníbal de querer apoderarse del amor en todas sus formas!
martes, 22 de septiembre de 2009
Experimento 1

(Cómo se deshacen las nubes en el pasto, y tu boca llega a no decir nada; época de manteles cuadrillé y cocodrilos que divagan.)
De verdad te alcancé una escalera, y miles de genios lloraron sus por qué; de verdad que amo a la mentira por ser mi única verdad, y le arranco patas, y le agrego alas, de verdad que todo es experimento para mi.
Aquella vez que atrapé una de tus palabras preferidas, y dije casi tonta, casi sin alma, que era pura diversión de coleccionista, era sólo para guardarla bien: reposarla en el tubo de ensayos, ver de que colores se ponía cuando desesperadamente le gritaba nombres de mujeres, o le susurraba fantasías de balcón, fantasías de bañaderas blancas, voladoras.
La primera observación: la palabra engendraba sola arañitas blancas. Aproximadamente 50 por hora. Después de tanto esfuerzo se le desmayaban las vocales boqueabiertas, segregando una saliva azul, casi negra.
Yo agitaba el tubo con fines explosivos, imaginándome tu cabeza y esas tres cosas que siempre guardas en ella. De la mesa el té, el florero sin flor, la cuchara sonriente, a tu palabra de ensayo que cada día se me abría mas.
Segunda observación: la palabra se come a las arañas blancas escupiendo las patas. La palabra fornica con las patas. Las patas se deshacen.
Era ir en busca de miel, y acordarme de ella; era besar la almohada pensando en ella; era odiar todas mis letras por amor a ella.
Tercera observación: Humo gris saliendo del tubo. Vidrios resquebrados. Una nariz humana en medio de la palabra.
Tiré todo por la borda; el sólo hecho de pensarlo era desesperación y corridas. Jamás quise la persona de vos; la sangre rápida y los huesos, todo lo humano que desplegás con tus acciones.
No quiero tu hombre dentro la poesía; él está matando el jardín, el hongo que florece a pesar de delantales blancos, y lupas.
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Mirá cómo nos ponemos me pongo la voz entera no dejo que quiebren mi testimonio Me pongo las uñas y los dientes me pongo el dolor que tr...
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De repente estás juntando las piedras del suelo como si fueras otra persona, la que más se parece a tu idilio, a tu isla blanca de sole...
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Su corazón-cangrejo busca un océano corto, pequeño, ínfimo, donde descansar. Le han dicho muchas veces que tantos sobresaltos de inmensi...